ACORDES
Pensar que no hace mucho éramos unos críos... un poco malotes, pero inocentes.
Nos iba el barro. Cualquier respuesta se la llevaba el viento. Para nada servían las preguntas, nada cambiaría la derrota. Habíamos nacido a la resistencia.
Nos cubríamos el rostro, la noche era nuestra y huíamos de donde reunían a todos en esos corrales de pantallas y flores de plástico.
Jugábamos, asomados en el puente del canal a ver quién acertaba a las ratas del río, nos tumbábamos boca arriba a poner nombre a las estrellas, bebiéndonos todo, y acompañábamos a los camiones de la basura. Sabíamos cómo se llamaba cada uno de esos salteadores de portales, con sus monos amarillos arrojando desperdicios.
Ha pasado demasiado tiempo. Las canciones que escuchábamos han viajado por todas las estaciones, han atravesado paisajes y todas las vidas concedidas. Hemos vuelto a casa.
De madrugada le hemos vuelto a encontrar. Con su estuche negro y sus bártulos. Como si fuera su primer bolo, con esa pasión y mirada entregada al asombro.
Así como lo cuento, parecía tan de verdad...
Del libro: Manual del Emboscado.
Cap. VII De músicos y otras especies.
Acuarelas por gentileza de Gregorio Reales Chimé



